jueves, 18 de julio de 2013

EL TRASPLANTE

Hace algunos años un ciudadano chino, de 44 años, fue víctima de un grave accidente que le cercenó el pene, dejándoselo de tan solo un centímetro de largo, lo cual le impedía tener relaciones sexuales y bastantes dificultades para orinar. Aquella situación, ya se imagina usted, el terrible daño psicológico que le provocó al pobre hombre. Más 8 meses después unos atrevidos cirujanos de Cantón, lo sometieron a una nueva intervención para realizarle un insólito trasplante, que hasta ese momento jamás se había llevado a cabo en ninguna otra parte del mundo.  Un complejo trabajo que llevó 15 horas de microcirugía que involucró la conexión de nervios y microscópicos vasos sanguíneos. De esta manera se le logró colocar un nuevo pene proveniente de un paciente con muerte cerebral.
Diez días después fue considerado el trasplante un auténtico éxito, ya que el órgano mostró un adecuado abastecimiento sanguíneo y el hombre era capaz de orinar normalmente. Sin embargo se presentaron problemas totalmente fuera de lugar en el paciente y su esposa. Y, aunque usted no lo crea, aquél pobre hombre regresó al quirófano para que le amputaran el miembro trasplantado, porque sentía como si fuera a hacer el amor con un muerto.
Aunque los médicos que realizaron este exitoso trasplante ya tenían amplia experiencia en otro tipo de intervenciones semejantes, este delicado trabajo los venía a colocar en una muy alta posición profesional, porque jamás se había realizado algo así en el mundo, pero… desgraciadamente descuidaron el aspecto psicológico, que siempre es algo fundamental en este tipo de situaciones.
Jean-Michel Dubernard, un cirujano francés que recientemente cobró gran fama realizando el primer trasplante de cara en una paciente, ocho años atrás llevó a cabo el primer trasplante de mano en un paciente neozelandés de 50 años. Pero el órgano tuvo que amputarse posteriormente porque el hombre manifestó que detestaba aquella mano repulsiva y marchita. El cirujano declaró que este tipo de intervenciones son muy complejas desde el punto de vista psicológico porque no es nada fácil ir por la vida unido a la mano de un muerto.
Tan amarga experiencia le ha llevado al doctor Dubernard, a realizar una preparación de los pacientes durante dos años, con un equipo de psiquiatras y psicoanalistas, que intentan solucionar los problemas que tienen que ver con la imagen corporal de un individuo.
El el caso de la mujer a la que le realizó el trasplante de cara, misma que había sido salvajemente destrozada por un perro, no hubo realmente ningún rechazo, quizás debido a que la mujer antes de la intervención tenía una cara realmente horrible, además que afirma el doctor que el trasplante de una mano o un pene puede tener consecuencias psicológicas mucho más graves, ya que el paciente en todo momento se está viendo la mano, mientras que para verse la cara tiene que recurrir a un espejo.